El asedio convierte las listas médicas en una pena de muerte lenta y administrada
En la Franja de Gaza, la enfermedad renal ha dejado de ser un diagnóstico para convertirse en una cuenta atrás. No es una metáfora. Es un hecho documentado, fechado y cuantificado. Mientras el mundo se acostumbra a pronunciar la palabra “alto el fuego”, cientos de personas con insuficiencia renal mueren esperando. Esperan una sesión de diálisis que no llega, un fármaco que no entra, un permiso de salida que no se concede. Esperan mientras el cuerpo se apaga.
Desde octubre de 2023, cuando Israel lanzó su ofensiva a gran escala, el sistema sanitario gazatí quedó devastado. Más de 71.000 personas asesinadas, hospitales bombardeados, clínicas inutilizadas, personal sanitario exhausto o desplazado. Y, en el silencio que sigue a los grandes titulares, una muerte discreta y constante: la de quienes dependen de tratamientos crónicos. No hay explosión. Hay anemia, dolor, toxinas acumulándose en la sangre.
