- Pese a que el porcentaje de receptores de riñón que superan la setentena se ha duplicado en la última década, sigue habiendo una brecha edadista que dificulta su acceso al trasplante
- El trasplante de donante vivo es el mejor tratamiento para los mayores de 65 años, según estudios
La primera vez que a Juanjo Granero le dijeron que un familiar podía donarle un riñón, dijo que no. Llevaba unos meses en la lista de espera para trasplante —sus riñones solo funcionaban al 15%—, acababa de sufrir un infarto y pasaba varias horas a la semana conectado a una máquina de hemodiálisis, pero a sus 69 años se negó rotundamente a que uno de los suyos pasara por ese trance.
Sin embargo, cambió de opinión en la segunda visita médica, cuando la nefróloga de la Unidad de Trasplante Renal del Hospital del Mar (Barcelona) le volvió a explicar los beneficios del trasplante renal de donante vivo y el bajo riesgo que corría un donante bien estudiado. Y aceptó, con la condición de que no fuera ninguno de sus hijos el que se sometiera a la operación. Ahí entró en escena su mujer, Inés Macías, que no tuvo ninguna duda de lo que quería hacer. Ambos pasaron por cirugía a finales del 2024 y todo salió bien. Tenían entonces 71 y 73 años.
