Alfredo, José, Miguel Ángel y Daniela son cuatro ciudadrealeños que el año pasado recibieron un trasplante de riñón

Salvó tres vidas y me encantaría haberlo conocido». Así habla Daniela Fernández del donante anónimo que le dio uno de sus riñones al morir y a quien agradece que este verano pueda volver a bañarse en una playa, porque con los catéteres de la diálisis no podía ni lavarse el pelo sola. A sus 15 años, la enfermedad renal le cogió desprevenida, tras una analítica por una anemia, «vieron que mis riñones no funcionaban» y de Ciudad Real se fue a Madrid, a la UCI y después a diálisis.

«Necesitaba diálisis tres veces por semana» y entró en la adolescencia estudiando con apoyos la ESO. «Cuando acababa la diálisis me iba a extraescolares para recuperar las clases perdidas», explica esta joven que el pasado 12 de septiembre, tras ser operada en Madrid, salió de ese circuito y recuperó toda su vida al completo; la semana de lunes a domingo, sin perder tres días a la semana enganchada a una máquina.

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La Tribuna de Ciudad Real: Gracias por dar una vida