La Enfermedad Renal Crónica (ERC) se ha convertido en una de las principales preocupaciones de salud pública en España, afectando ya al 15% de la población adulta. Se trata de una patología progresiva que deteriora la función de los riñones hasta impedir que filtren adecuadamente la sangre y eliminen toxinas y exceso de líquidos.
Si no se diagnostica y trata a tiempo, la Enfermedad Renal Crónica (ERC) puede evolucionar hacia una insuficiencia renal terminal, una situación grave en la que el paciente necesita un tratamiento renal sustitutivo (TRS), como diálisis o trasplante, para poder sobrevivir.
Actualmente, más de 68.000 personas requieren tratamiento renal sustitutivo (TRS) en nuestro país, una cifra que aumenta cada año. El 43% de estos pacientes se encuentran en tratamiento de diálisis, mientras que el 57% restante ha recibido un trasplante renal. Cada 75 minutos una persona en España inicia un tratamiento de diálisis o recibe un trasplante renal, lo que refleja el impacto de esta enfermedad en la sociedad y en el sistema sanitario.
Tal y como señala Daniel Gallego, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha contra las Enfermedades del Riñón (ALCER), “desde el punto de vista personal, familiar, laboral y social, sobre todo en fases avanzadas, la necesidad de trasplante renal o de diálisis implica depender de una máquina para vivir, múltiples citas con el sistema sanitario y cambios drásticos en la rutina. Hay limitaciones físicas, incertidumbre y una carga emocional importante. La enfermedad renal exige una adaptación constante y un esfuerzo continuado tanto del paciente como de su entorno”.
