En el Día Mundial del Riñón, el Centro de Diálisis Teixedal de Lalín se consolida como el refugio vital de Deza. Entre máquinas y cuidados, pacientes veteranas como Dalia y Adita personifican una lucha diaria que va mucho más allá del tratamiento médico: es un desafío constante a la dieta y a la soledad bajo el amparo de la Fundación Renal.
En la víspera del Día Mundial del Riñón que se celebra hoy, el trasiego en el Centro de Diálisis Teixedal de Lalín no es solo médico; es profundamente humano. Desde que abrió sus puertas en octubre de 2020, este centro de la Fundación Renal Española se ha convertido en el pulmón –o mejor dicho, el riñón– de 33 pacientes que, tres veces por semana, conectan sus vidas a una tecnología que les regala un tiempo precioso. «Estamos distribuidos en turnos de mañana y tarde los lunes, miércoles y viernes», explica Cristina Otero, responsable del centro mientras no pierde de vista nada de lo que pasa a su alrededor. La mayoría provienen de la comarca de Deza: Lalín, A Bandeira, Silleda o Merza son algunos de los lugares de procedencia. «Incluso tenemos a un señor que prefiere venir aquí porque no le gustaba hacerlo en Santiago de Compostela y lo hace por sus propios medios», añade, subrayando la importancia de la cercanía en tratamientos crónicos.
