Rosa María Miró fue operada hace dos años para darle un nuevo riñón, con el que ha mejorado mucho su calidad de vida
Hay decisiones que cambian una vida para siempre. Recibir la llamada que anuncia la llegada de un órgano compatible marca un antes y un después para miles de personas que conviven con una enfermedad renal y esperan, durante meses o incluso años, una segunda oportunidad.
Rosa de Gracia Miró, natural de Alcoy (Alicante) aunque afincada en La Rioja desde hace 54 años, conoce bien esa espera. Su relación con la enfermedad renal comenzó mucho antes de imaginar que algún día necesitaría un trasplante. Nació con una patología renal crónica de origen hereditario que permaneció sin diagnosticar durante años, en una época en la que la medicina aún no disponía de los avances necesarios para identificar este tipo de enfermedades.
