Un proyecto de investigación navarro, liderado por el CIMA Universidad de Navarra, pero en el que también participan centros públicos y privados de la Comunidad foral, trata de buscar soluciones innovadoras a enfermedades renales de origen hereditario y de encontrar nuevas fórmulas para remediar unas patologías que hasta ahora solo se resuelven con un trasplante. Son males que afectan a no pocas personas, y que curiosamente, a los que beneficia la función filtradora de los propios riñones, que impide que les lleguen los tratamientos. El proyecto, denominado TEGER, investiga por un lado terapias genéticas, que modifican el ADN mutado que ocasiona la enfermedad, y por otro, un sistema para trasladar los fármacos hasta el riñón, salvando la labor limpiadora de este órgano.
Rafael Aldabe es el biólogo del CIMA que está al frente de un proyecto que involucra también a Aditech (el organismo que coordina el sistema navarro de I+D+i), el Hospital Universitario de Navarra, la Clínica Universidad de Navarra, la empresa pamplonesa Vivet, dedicada a la biotecnología, y la firma de diseño e innovación Vidorreta, con sede en Arre. Con su equipo, Aldabe trabajaba en soluciones para el hígado, hasta que vieron “una necesidad”. Se encontraron incluso dentro del CIMA personas que padecían, ellas mismas o en hijos y otros familiares, enfermedades renales genéticas y se dieron cuenta que es un mal que afecta a mucha gente. “Un 10% de la población va tener problemas de riñón. Conforme se hagan mayores, sus riñones van a funcionar peor, en un proceso lento pero que va progresando y dificultando su vida”, explica el biólogo. No todos padecen la enfermedad por causas genéticas, pero sí se calcula que entre el 10 y el 20% lo desarrolla porque un gen está “estropeado” y no hace que el riñón no funcione como debe.