El IMC es útil para la mayoría de la población, pero deja sin diagnosticar a personas con exceso de grasa acumulada
Obesidad es lo que padece una persona “excesivamente gorda”, según el diccionario de la RAE. Para encuadrarlo en unos parámetros más objetivos, tradicionalmente se ha usado el índice de masa corporal (IMC), que relaciona el peso y la altura. Es un buen detector para la mayoría de la población, pero habitualmente deja fuera a quienes tienen abundante masa muscular o mucha grasa acumulada en la tripa y no en otras zonas. Muchos profesionales llaman a esto último “obesidad oculta”, que padecen casi uno de cada tres pacientes de riñón, según un estudio que se presenta esta semana en el congreso de la Sociedad Española de Nefrología (SEN).
El proyecto OBERCE analizó a 2.036 adultos con enfermedad renal crónica, sin diálisis ni trasplante, de los cuales un 38,9% tenía obesidad con el criterio del IMC: que la división de los kilogramos de peso entre el cuadrado de la estatura en metros sea igual o mayor a 30. Al incorporar medidas como la circunferencia de la cintura y su relación con la altura, la proporción alcanzó el 63,5%. El IMC falló en 558 personas, el 27,4%.
